Capítulo 54Nadie respondió. Por primera vez en muchos años, sentí que el poder estaba en mis manos. Todos me miraban con miedo, sorpresa y respeto, y esa sensación me recordó por qué había regresado.El hombre bajó la cabeza frente a todos. Su orgullo se quebró en cuestión de segundos, y la misma boca que antes se había burlado de mí ahora buscaba una salida desesperada.—Le pido disculpas, Condesa —dijo con la voz tensa, mirando a su alrededor como si necesitara que todos vieran su arrepentimiento—. Fue una broma de mal gusto. Por favor, no me quite la dirección de mi propia cadena de hoteles.Lo miré con frialdad. Sabía que, si empezaba a ceder en esa mínima petición, con el tiempo empezaría a ceder en todo. Sin embargo, aunque quisiera resistirme, en el fondo todavía quedaba un poco de bondad en mí.—Hablaremos de este asunto en la reunión de mañana —respondí con calma, sin apartar la mirada de él—. Por ahora quiero descansar.El hombre asintió de inmediato. Su alivio fue evidente
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