—Lo siento muchísimo, Sra. Sterling. Yo no estaba en la escuela —explicó la Srta. West a los alarmados padres—. La lista de personas autorizadas para recogerlo no se ha actualizado, de ahí el error.Arabella y Adrian intercambiaron una mirada. ¿Cómo podían culpar a la escuela cuando ellos mismos habían olvidado un detalle tan importante?Durante todo el trayecto, no dejaron de saturar el teléfono de Serena con llamadas, pero no hubo respuesta. De camino al colegio ya habían ido a buscarla a su casa, pero tampoco estaba allí.Arabella caminaba de un lado a otro, con los dedos temblando violentamente sobre el teléfono. Serena ya había provocado el mutismo de Axel en el pasado para librarse de los cargos que Adrian había presentado en su contra. Ahora se enfrentaba a otro proceso que podía destrozar sus finanzas, arruinar su imagen pública y, en el peor de los casos, enviarla tras las rejas.Serena estaba desesperada. Y una persona desesperada era capaz de cualquier cosa. Podía empeorar
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