Cuando Arabella entró en el apartamento que compartía con Vera, lo primero que llamó su atención fueron las cajas de regalos sobre la mesa central.—¿Fuiste de compras sin mí? —chilló, atrayendo la atención de Vera, que justo entraba en la sala de estar.Vera Kim, hija de un magnate empresarial coreano-estadounidense, era baja, alegre, con largo cabello negro que enmarcaba su bonito rostro y una sonrisa brillante y fácil que la hacía destacar.Arabella conoció a Vera en su segundo año en Londres. Al principio fue escéptica y fría, pero la personalidad burbujeante de Vera terminó por romper sus barreras y, desde entonces, se habían vuelto inseparables.—Tranquila, esos son de uno de tus pretendientes —dijo Vera poniendo los ojos en blanco mientras se dejaba caer en el sofá.Arabella apretó los dientes y se masajeó la frente.—¿Cuál? ¿El señor Campbell?El apartamento era muy femenino: todo en tonos rosa pastel y crema, con mantas suaves y luces de hadas. La influencia de Vera estaba po
Leer más