Capítulo 54. Derretirse
—No sueltes mi mano, Aletta. ¡Quédate detrás de mí! —ordenó Adrian con voz grave y baja, cortando la respiración agitada de Aletta, aún desbocada por el miedo.Acababan de lograr entrar en la sala segura oculta tras la pared de la biblioteca. La puerta de acero siseó al cerrarse herméticamente, aislando por completo el estruendo del mundo exterior. El lugar era insonoro, frío, y se sentía mucho más opresivo de lo que Aletta recordaba.Adrian se lanzó de inmediato hacia el gran monitor en la esquina, sus dedos moviéndose con agilidad sobre el teclado mientras reproducía las grabaciones de las cámaras de vigilancia de unos minutos atrás.Aletta permanecía de pie, inmóvil, cerca de la puerta. Sus hombros no dejaban de temblar. La sensación helada de la bala que casi le había desgarrado la piel seguía siendo demasiado real, como si incluso el aire en esa habitación se hubiese tensado.—¡Mira esto! —dijo Adrian, señalando la pantalla con el mentón.Aletta se acercó lentamente. En el monito
Leer más