—El regreso a Nueva York fue diferente a todos los demás. No había urgencia, no había miedo, no había persecución. Solo el suave zumbido del avión y la calidez de la mano de Adrián entrelazada con la suya. Lucía miraba por la ventanilla, observando el océano que se extendía bajo ellos, y sentía que, por primera vez en meses, podía respirar.Victoria y Valentina dormían en los asientos delanteros, agotadas después de la operación en Londres. Isabel estaba en su casa, preparando una cena de celebración. Sofía había sido llevada al hospital para un chequeo, pero ya estaba fuera de peligro.Daniela, sentada al otro lado del pasillo, miraba por la ventanilla con una expresión inescrutable. Lucía la observó durante un momento, preguntándose qué pasaba por su mente. La hija de Sebastián había cambiado de bando, pero ¿podían realmente confiar en ella?—Estás mirando a Daniela —dijo Adrián en voz baja.—No puedo evitar preguntarme si realmente ha cambiado.—Solo el tiempo lo dirá. Pero por aho
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