—El silencio en la mansión era tan profundo que Lucía podía oír el latido de su propio corazón. La mujer que afirmaba ser su hermana estaba de pie frente a ella, con una expresión que mezclaba esperanza y cautela. Lucía la examinó detenidamente. La misma nariz, los mismos ojos oscuros, la misma forma de inclinar la cabeza cuando algo la desconcertaba. Era como mirarse en un espejo distorsionado por el tiempo.—No puede ser —murmuró Lucía, dando un paso atrás—. Mi madre nunca mencionó otra hija.—Porque no sabía que existía —respondió la mujer—. Sebastián me separó de ella al nacer. Me entregó a una familia adoptiva en Suiza. Me criaron con la mentira de que mis padres biológicos habían muerto en un accidente.—¿Y cómo descubriste la verdad?—Cuando Sebastián fue capturado, su abogado me contactó. Me dijo que era hija de Elena y que tenía una hermana gemela. Me dio documentos, pruebas de ADN, todo lo necesario para confirmarlo.Lucía sintió que las piernas le flaqueaban. Adrián la tomó
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