Los días que siguieron a la reconciliación en la cama king size se sintieron como un oasis suspendido en el tiempo. La mansión de Jumeirah, que hasta entonces había sido una fortaleza de silencios calculados y distancias gélidas, se había transformado en un refugio extrañamente cálido. La burbuja en la que Valentina y Aleksei se habían encerrado parecía impenetrable.Esa mañana de martes, el desayuno se sirvió en la terraza este, con vistas a las aguas cristalinas del Golfo Pérsico. La brisa marina suavizaba el calor del desierto, y bajo la inmensa sombrilla de lona blanca, la dinámica familiar habría dejado boquiabierto a cualquier accionista de Volkov-Tech.Aleksei, vestido con una camisa de lino azul marino arremangada hasta los codos, estaba concentrado en una tarea que requería toda su meticulosa atención: cortar un pan tostado en trozos perfectamente simétricos, untarles mermelada de frutos rojos y dejarlos en el plato de Valentina, ahorrándole a su esposa la frustración de lidi
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