La neblina templada del baño principal continuaba ionizando el espacio, envolviendo las paredes de mármol blanco de Carrara en una atmósfera densa, sorda y tropical. El sonido del agua del jacuzzi, cascando con fuerza contra la superficie pulida antes de apaciguarse en un zumbido constante de burbujas, era el único metrónomo en mitad de la estática que mantenía a Aleksei Volkov completamente petrificado. A escasos dos metros de distancia, Valentina Reyes permanecía de pie, completamente desnuda, ofreciendo su silueta canela a la luz ámbar de los focos indirectos. Su piel bronceada brillaba bajo una capa casi invisible de humedad naciente, revelando la curva limpia de sus costillas soldadas y la perfecta movilidad de su muñeca derecha, despojada de cualquier blindaje médico. La fiera mexicana había recuperado el control absoluto de sus armas, y el duelo de miradas que sostenía con el magnate no admitía réplicas corporativas. Aleksei tragó saliva con dificultad, sintiendo que la sang
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