Amanda permaneció inmóvil durante unos segundos.Su rostro, antes arrogante, ahora era una máscara quebrada. Tenía los ojos llenos de lágrimas y la mandíbula le temblaba.Abrió la boca para responder, pero ninguna palabra salió. Su mirada vaciló entre la rabia, la vergüenza y el dolor. Catarina, al lado de Lila, se mantuvo erguida, con los brazos cruzados, firme como una muralla.Lila entonces concluyó, con un tono cortante, pero sereno:—Y en cuanto a mí… —dijo Lila, dando un paso al frente, con la voz firme y gélida, y la mirada clavada en Amanda—. Puedes llamarme como quieras. Mimada, forastera, oportunista… elige el nombre que te ayud
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