Mundo ficciónIniciar sesiónEl auto avanzó durante algunos kilómetros más, mecido por el suave ronroneo del motor y el silbido del viento que se colaba por las rendijas de las ventanas. El sol ya estaba más alto, tiñendo los campos de tonos dorados, y el olor de la tierra húmeda entraba por la ventana entreabierta. Catarina tarareaba alguna canción antigua que sonaba en la radio, golpeando suavemente el volante con los dedos,







