PILAR
—Concéntrate, Pilar.
No tengo ni la menor idea de qué podría ser.
—¿"Esclava"?
—Que le jodan, pero no. Jamás te obligaría a escribir mi nombre tan a menudo —su mirada ardiente nunca se aparta de mi rostro mientras añade—: Es algo que dirás todos los días. Nueve letras.
El calor se acumula en la parte baja de mi vientre cuando me doy cuenta de lo que es. Una mirada hacia su implacable par de ojos verdes lo confirma.
—¿Sí, señor Farías?
La sonrisa con la que me premia casi gotea pecado.
—En