MARIO
Estoy en mi gimnasio golpeando un saco de boxeo mientras el reloj de la esquina marca las 8:30 a.m.. Llevo aquí un buen rato —horas, de hecho— anticipando el largo y extraño día que nos espera.
Hice venir al personal de informática demasiado temprano para dar de alta a Pilar en nuestro sistema y le pedí a la persona que se encarga de la limpieza profunda de mi oficina que entrara a hacer la suya... después de limpiar los extraños restos que dejó mi antiguo asistente, como una bolsa a medi