--Me senté en la silla que Dominic me acercó, aún nerviosa, sin saber lo que estaba tramando.— Sabes jugar póquer, ¿no es así, mi ángel? —Dominic me preguntó, sentándose frente a mí mientras barajaba las cartas.— Sí —respondí, aún confundida por todo, por haberme traído a esa sala de póquer privada — sala con paredes negras que daban al lugar una atmósfera más sombría.No era posible que quisiera jugar a las cartas conmigo... ¿O sí?— Genial. Eso me ahorrará tiempo enseñándote a jugar —dijo, repartiendo algunas pocas cartas para él y para mí—. Quiero proponerte algo, mi amor. Una apuesta que puede ser muy ventajosa para ambos —dijo, colocando el mazo en el rincón de la mesa.— ¿Y cuál sería? —pregunté, mirando mis cartas. Y, sea lo que estuviera planeando con todo aquello, no quería perder. Daría lo mejor de mí para no perder en ese juego.— Vamos a jugar una ronda de póquer. Y si ganas, te daré cualquier cosa que me pidas —propuso, mirándome en puro deseo—. Menos tu libertad, clar
Leer más