Ignorando el dolor del hombre que se debatía en las cadenas, desesperado y llorando, me puse frente a él, sacando la navaja del bolsillo.— Hora de quitarte el recuerdo para Isabella, cuñado —le dije, ya acercándome a él con la navaja abierta en mi mano.Ajusté los guantes negros en mis manos antes de, con la navaja, comenzar a cortarle el pene. Disfrutando al ver esa parte específica de su cuerpo ser amputada. Sonriendo al mismo tiempo que perforaba su carne con mi hoja afilada, poco a poco, hasta que aquello se desprendió completamente del cuerpo de Pietro.Sin que yo necesitara ordenarlo, Enzo trajo para mí una caja de regalo de color rosa chicle, caja que abrió para que yo colocara dentro mi regalo para Isabella.— A tu hermana le va a encantar el recuerdo —Rafael me dijo en tono burlón—. Realmente sabes elegir buenos regalos para las mujeres.Puse los ojos en blanco, sin paciencia, mirándolo con pura ironía, ignorando al hombre colgado de las cadenas y ahora sin pene a pocos metr
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