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Me hice un moño en mi cabello antes de entrar a la cocina, donde de inmediato vi a una Isabella bebiendo una copa de vino y sollozando en un rincón alejado de la cocina.
— ¿Qué le pasa? ¿Isabella aún está llorando por la muerte de su exnovio? — pregunté a Débora, que estaba tomando un helado de chocolate sentada en un taburete alto al otro lado de la mesada que dividía la cocina en dos partes.
— Está llorando por los cuernos — me contó en un susurro, antes de volver a tomar su helado.
— Sí,