Fue inevitable no abrir los ojos de par en par. Sabía que, un poco más, y estaría sentada encima de... Mierda. Peor: ¿estaba realmente planeando hacer aquello conmigo ahora? ¿Iba a...? ¡MIERDA!
— No te preocupes, mi amor —dijo, como leyendo mis pensamientos temerosos—. No voy a forzarte a follar conmigo.
Respiré más aliviada tras oír las palabras de Dominic.
Después de todos los días que pasé atrapada en esta mansión junto a Dominic, había descubierto que, a pesar de que era un sociópata asesin