Después de desayunar con Dominic y que él se fuera a su misterioso trabajo, fui a la cocina — lo que me resultó en una bronca de Laura por haber acabado con una botella entera de vino. Y eso no ayudó en nada con mi dolor de cabeza.
Suerte la mía que, después de lo que me parecieron horas, finalmente me ofreció un bendito analgésico — uno que tomé sin ninguna protesta, escuchando nuevamente sus quejas. Y menos mal que Anna y Luana no estaban aquí conmigo escuchando la bronca de Laura.
— Usted de