Ethan encontró la taza el domingo por la mañana.Sabía que estaba allí; la había visto al bajar las escaleras el sábado y de nuevo el domingo, sobre la encimera, justo donde la había dejado. La azul. Su taza, la que yo había dejado la última mañana de nuestro matrimonio, con la cafetera francesa al lado, ya con el café molido y listo. Se había preparado el café, al final, ambos días. Lo bebió de pie junto a la encimera, como nunca solía hacerlo, porque sentarse solo a la mesa de la cocina le parecía una especie de error que no estaba preparado para reconocer.El domingo, por fin, movió la taza. Abrió el armario encima del microondas, justo donde le había indicado por mensaje que buscara, y la guardó dentro.El armario estaba organizado de una forma que nunca antes había notado. Todo agrupado por función, las tazas mirando en la misma dirección, los vasos ordenados por altura.Llevaba cinco años organizando este armario y él nunca lo había mirado bien. Se quedó con la mano aún sobre l
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