Era un domingo perfecto, y para la familia Winchester, era el primer paseo oficial al campo sin horarios, sin nada de por medio. Ian, vistiendo una camisa blanca con las mangas remangadas y unos jeans que lo hacían ver mucho más relajado de lo habitual, cargaba a Matteo sobre sus hombros. El pequeño reía a carcajadas cada vez que su padre simulaba tropezar con una rama. Unos metros más adelante, Luca corría detrás de una pelota de fútbol, mientras Sofia caminaba de la mano de Annie, señalando cada flor exótica que encontraba en el sendero.Annie respiró hondo, sintiendo una paz que hacía años no experimentaba. Miró de reojo a Ian, quien le dedicó una de esas sonrisas de lado que siempre conseguían acelerarle el pulso. Todo era perfecto.De repente, el teléfono de Annie comenzó a vibrar en el bolsillo de su suéter lila. Al ver la pantalla, sonrió.—Hola, mamá —contestó Annie, acomodándose el cabello—. Ya estamos en la colina que nos recomenda
Leer más