Del otro lado de la línea, la voz de Petra vibraba con una mezcla de rabia contenida y una vulnerabilidad que rara vez se permitía mostrar.—Si, la estúpida firmó, pero no puedo más, Scutaro —dijo Petra, el roce del teléfono contra su oreja casi quemándole la piel—. Esa Emi, esa... ciega, se ha convertido en una piedra en mi zapato que no deja de molestar. No es solo su presencia, es lo que está provocando en Gabriel.Scutaro guardó silencio, escuchando el ritmo acelerado de la respiración de su aliada.—¿A qué te refieres con Gabriel? —preguntó él con voz gélida.—Ha cambiado —soltó ella con amargura—. Sus ojos ya no buscan lo mismo cuando me mira. Antes había complicidad, un plan claro. Ahora, cada vez que esa ciega está presente, él se transforma. La cuida con una delicadeza que me enferma. Scutaro, tengo miedo de que no sea solo parte de un plan. Siento, con cada fibra de mi ser, que él está enamorando de ella. De una mujer que ni siquiera puede verlo, pero que parece conocerlo mej
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