—No me interesas lo suficiente para casarme contigo.Esa fue la primera respuesta de Cael.Nyra no parpadeó. Llevaba toda la noche preparándose para el rechazo, ensayando mentalmente las distintas formas en que un hombre como Cael Virek podría destruirla con dos palabras, y sin embargo, escucharlas así, pronunciadas con aquella calma absoluta que era casi peor que la crueldad deliberada, hizo que algo en su interior se tensara como un hilo a punto de romperse.—Lo sé —respondió ella.El despacho privado de Cael era diferente a la sala de espera donde había pasado horas contando las grietas invisibles de su propia determinación. Aquí no había paredes grises ni frialdad calculada para intimidar visitantes. Aquí había libros, cientos de ellos, alineados con una precisión que hablaba de un hombre que necesitaba el orden para sobrevivir. Una sola lámpara de escritorio derramaba su luz sobre los papeles dispersos, y Cael estaba de pie junto a la ventana, con las manos dentro de los bolsillo
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