Narrado por Luna Las embestidas, que comenzaron determinadas, se transformaron. La brutalidad que temía dio paso a un ritmo profundo, calculado, una precisión hipnótica. Ajustó el ángulo, y de repente... ah, Dios... de repente el dolor, como siempre ocurría, se disolvió en un calor que se extendió como fuego líquido por mis venas. Pero en ese momento era un placer aún mayor que las otras veces que habíamos tenido sexo. Era un placer surreal, arrollador, que comenzó a anularlo todo – el miedo, la resistencia, la propia razón. Se curvó sobre mi espalda, pude sentir su cuerpo, un calor familiar contra mi piel desnuda. Su aliento caliente en mi oído, y entonces las palabras. Un torrente de palabras sucias que podía decir en inglés, pero prefirió decir en italiano, destruyendo de una vez mi resistencia: —Sei così stretto, mia piccola sirena... così caldo per me... (Eres tan apretada, mi pequeña sirena... tan caliente para mí...) —Susurró, aquellas palabras, sucias y hermosas, que vibrar
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