El anciano Ivanov permaneció unos segundos en silencio después de la pregunta de su nieto. Katherina sostenía aún la fotografía del ultrasonido entre sus manos, con el corazón latiéndole con fuerza. —Mi nieto ha sufrido mucho. — Dijo el abuelo con una sonrisa serena. — Siempre creyó que debía cargar solo con el peso de esta familia... De este imperio. Pero desde que tú apareciste, volvió a sonreír como alguna vez lo hizo en el pasado. Katherina bajó la mirada, estaba emocionada al escuchar al señor Ivanov, pero no lo dejaría ver. — Abuelo, Rodrigo me ha dado a mi hijo, es el mejor regalo del mundo para mí. El anciano asintió lentamente. — Entonces no permitan que nada los separe nunca. Un ligero carraspeo rompió la solemnidad del momento. — Pero basta de hablar de cosas tan serias. — Dijo el abuelo, recuperando su característico humor. — Si seguimos así, terminaré llorando antes de tiempo, y un Ivanov jamás llora delante de los demás. Katherina soltó una pequeña ri
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