Jamás dejaré de amarte.
Rodrigo Ivanov condujo personalmente su Rolls-Royce Phantom por las elegantes avenidas cubiertas de nieve de Moscú.
A pesar de que el vehículo contaba con chofer, aquella tarde había insistido en conducir él mismo.
Katherina permanecía sentada en el asiento del copiloto.
Entre ambos reinaba un silencio extraño.
Ya no era el silencio frío de los primeros meses de separación.
Era uno más tranquilo.
Más íntimo.
Las bolsas con la ropa, las mantas y los pequeños juguetes para el bebé