Por OliverCorté el llamado, que me dejó sumido en pensamientos vagos.No quería ver el cambio en Charlotte.Prefería verla como la mujer frívola, caprichosa y egoísta que siempre fue.Su imagen, en distintos días en que nos encontramos, fue pasando, como una película, por mi mente, desde cuando estaba vestida de rojo furioso, peleando con el policía en medio de la calle, hasta cuando las luces de la discoteca la iluminaban, trasluciendo su vestido, ya de por sí casi transparente, brilloso y que usaba sin corpiño, y terminé de imaginarla, con su desnudez en el vestuario del club.El ritmo de mi corazón latía a prisa y la excitación dominaba mis instintos.-El viernes…Dije en voz alta.Al día siguiente llevé a Tati a la casa de mis suegros, esperando no cruzarme a Charlotte.La puerta, como siempre, se abrió y delante nuestro estaba Timoteo.-Oliver, querido ¿Cómo estás? Espero que hoy puedas entrar a tomar un café y terminemos de hablar de las inversiones de tu amigo.¡Lo había olvid
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