Noah no podía dormir otra vez. El reloj en su mesilla marcaba la 1:47 de la madrugada, ya era lunes técnicamente, pero seguía sintiéndose como la noche del domingo. Un día más. La casa le oprimía en silencio, demasiado quieta, como si ya supiera que ella se había ido.El teléfono se iluminó en las sábanas a su lado. Un solo mensaje.Leighton: Ven a tu despacho.Nada más. Sin emojis, sin por favor. Solo eso.Se quedó mirando las palabras hasta que la pantalla se apagó. Luego se puso los pantalones de chándal grises y caminó descalzo por el pasillo. La casa estaba oscura excepto por la fina franja de luz que se filtraba bajo la puerta de su despacho.Giró el pomo despacio y la empujó.Leighton estaba tumbada sobre el amplio escritorio de caoba, completamente desnuda. La espalda ligeramente arqueada, las rodillas dobladas, los pies planos sobre la madera fría, los muslos separados. La lámpara del escritorio pintaba un dorado cálido sobre su piel, captando el leve brillo de sudor que ya t
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