Poco tiempo después, Heitor finalmente llegó a la cena, trayendo a Hilda a su lado. Al saber que su hijo estaba acompañado, el Viejo Curie se sintió tan animado que casi saltó de su silla de ruedas. Al encontrarse de frente con Hilda, se detuvo por un instante, atónito, antes de esbozar una cálida sonrisa.—Señorita Cameron, ¡es usted misma! —exclamó.—Soy yo —respondió Hilda, con su timidez característica.—¡Qué sorpresa más maravillosa! —dijo el Viejo Curie, emocionado—. Jamás imaginé que aquel chico que no le prestaba atención a nada terminaría conquistándola. En la infancia, vivía gastándole bromas, ¡y su madre venía casi todos los días a nuestra puerta a pedir explicaciones!Ver que aquellos dos, que parecían no tener nada en común y vivían como "rivales" cuando eran niños, habían terminado juntos, dejó al Viejo Curie radiante. Pero, al notar el aire reservado de Hilda y temer asustarla, pronto volvió su artillería hacia su hijo.—¡Pillo! Tu hermano menor ya tomó la delantera...
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