Incentivado por el Tío Angelo, el Viejo Curie negoció con el dueño de la tienda por primera vez. El comerciante, sorprendido, ofreció un descuento de R$ 10,00 por kilo y no escatimó en elogios, diciendo que jamás habría esperado que alguien con ese porte y temperamento fuera tan habilidoso para regatear.Esto dejó al Viejo Curie extremadamente radiante. A partir de ahí, ir al mercado con el Tío Angelo se convirtió en el punto culminante de su día. Recientemente, incluso cuando una ola de frío azotó la región, derrumbando las temperaturas y trayendo nieve, él permaneció firme, enfrentando el viento y la lluvia para no perderse el paseo.Después de las compras, los dos practicaban yoga en la sala del Tío Angelo, en el primer piso. A la hora del almuerzo, preparaban algo simple, como pasta. A veces, cuando la Sra. María tenía tiempo libre, se unía a ellos en la práctica y después compartían la comida; el ambiente era de una paz contagiosa. El Viejo Curie no pudo evitar suspirar: si hubie
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