ALIANAMe duele la cabeza.Un peso presiona mi espalda, lento y constante, sacándome de la nada. La sal cubre mi lengua, seca y amarga. Luego viene el calor. No es agudo, sino espeso, pegado a mi piel.Michael.Ese momento de ayer regresa, borroso en los bordes pero afilado donde duele. Dentro de ese bar. Esos tragos uno tras otro. Las piernas apenas funcionándome por la calle. Él sujetando mis brazos, levantándome. Yo demasiado ida para decir que parara.La mañana entra por las rendijas de las persianas, un brillo opaco se filtra.Su aliento cálido en mi piel, lento y constante cerca de mi hombro. Un brazo reposa bajo en mi cintura, dedos extendidos sobre mi vientre. Tirantes de seda se aferran a mí, del tipo que se usa hasta tarde en una noche agotada. Sus jeans siguen arrugados donde se durmió, la camisa sin cambiar desde el atardecer. La ropa permanece intacta por la mañana, atrapada en la forma de anoche.Completamente despierta ahora, siento cada gramo de claridad como un peso p
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