MICHAEL
Entro al restaurante donde Vanessa ya está sentada, con maquillaje pesado y vestida de forma exagerada, con papeles frente a ella.
Se levanta y suelta una risa nerviosa al verme, pero yo simplemente me siento frente a ella, con la esperanza de evitar el olor acre y doloroso de su perfume.
—Michael —respira—. No llamaste.
—Siéntate.
Ella obedece.
Saco la carpeta de debajo de mi brazo y la coloco sobre la mesa entre nosotros como si fuera un arma.
—Firma —digo.
Sus ojos caen sobre los pap