MICHAEL
—¿Qué te dije?
Apenas salen las palabras de su boca cuando llega el golpe.
Un latigazo me tuerce el cráneo hacia un lado. La luz estalla en la oscuridad. La sangre llena mi boca justo cuando el suelo me recibe.
Otro golpe aterriza, más fuerte esta vez, profundo en mi costado. El aliento se me escapa —no en silencio—, sino arrancado, fuerte y crudo, nada como lo que había escuchado salir de mí antes.
Luego el caos.
—¡Ron…!
—¡Levi, agárralo…!
Fuerte como un trueno, su voz abre el aire y e