ALIANA
Me duele la cabeza.
Un peso presiona mi espalda, lento y constante, sacándome de la nada. La sal cubre mi lengua, seca y amarga. Luego viene el calor. No es agudo, sino espeso, pegado a mi piel.
Michael.
Ese momento de ayer regresa, borroso en los bordes pero afilado donde duele. Dentro de ese bar. Esos tragos uno tras otro. Las piernas apenas funcionándome por la calle. Él sujetando mis brazos, levantándome. Yo demasiado ida para decir que parara.
La mañana entra por las rendijas de las