Las habilidades de Octavio para besar eran magníficas. Elena debería haberlo odiado, pero su delicado cuerpo no pudo evitar temblar. Incluso despertó el deseo más profundo en su corazón…Elena estaba avergonzada y molesta a la vez.Con extrema vergüenza, las lágrimas rodaron por sus mejillas.—¿A quién más quieres elegir?— Los ojos de Octavio se oscurecieron, sus delgados labios se movieron hacia su suave rostro, lamiendo sus lágrimas una por una…—Octavio, ¿qué es exactamente lo que quieres de mí?—Elena, con la boca libre, le rugió furiosa —¡Bestia desvergonzada, lo lamento, no quiero hacer un trato contigo…!Había sido demasiado ingenua, tratando de negociar con un tigre, saltando del pozo de fuego de Guillermo a uno aún más grande.—Elena, escucha con atención, ¡en esta vida, solo puedes ser mi mujer!— La voz arrogante y dominante del hombre resonaba en sus oídos, negándose a ser silenciada.—¡Pero no me gusta que me obliguen! ¿Acaso esto no debería ser consensuado…?— Elena lo miró
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