—¡¿Destruir el buen nombre?! —Diego repitió las palabras de su madre con una risa sumamente cínica, volviendo aún más asfixiante la ya tensa atmósfera de la habitación. El hombre dio un paso al frente, interponiéndose en la línea de visión de su madre para proteger a Elena—. Así que, a los ojos de mi madre, ¿el buen nombre de la familia es mucho más importante que la vida de su propio nieto?La señora Álvarez se sobresaltó, y su rostro, cubierto de maquillaje, palideció un poco al escucharlo. Sin embargo, se recompuso rápidamente y agitó la mano con impaciencia.—¡No exageres, Diego! Tu tío dice que solo fue un pequeño malentendido. Mónica no podría ser tan desalmada —replicó su madre a la defensiva—. ¡Es una buena chica, la hija de mi mejor amiga! ¡No puedes meterla a la cárcel así como así sin pensar en el impacto que tendrá en nuestras relaciones comerciales!El viejo señor Álvarez, padre de Diego, finalmente dio un paso al frente. Su rostro, imbuido de autoridad, clavó una mirada
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