Capítulo veintiocho. Esperanzas
Rosa MariaDespierto de un sueño trastornado por los recuerdos del día anterior, soy una idiota al pensar que me tomaría en serio después de que hice todo el desastre del que me sacó ayer. Le conté de mi hija y de Everest y ni siquiera le importó, se fue después de besarme, lo recuerdo bien, algunas cosas se han borrado, pero ese beso, lo que sentí en realidad me asusta sobre manera ya que no acostumbro a ser tan abierta, solo con mi Amix y Lester que por cierto no quiero verlo en un tiempo por tonto. No encuentro el teléfono, la casa se encuentra limpia y dentro de lo que cabe ordenada, muero del dolor de cabeza, pero debo comer algo y no tengo ganas de cocinar. Necesito encontrar el teléfono para pedir algo a algún sitio. Suena el timbre con un estruendo que agudiza mi dolor de cabeza volviéndolo una locura total.— ¡Voy, voy, oh Dios Santo moriré hoy! — camino arrastrando los pies y abro la puerta para encontrarme un Ángel rubio como el sol y hermoso con ojos de cielo, pero traicio
Leer más