Capítulo veinticinco. Desmadre II
Rosa Maria
Relleno por tercera vez la copa con vino tinto acabándome la tercera botella, con un fondo musical tan sublime que deseo quedarme así por lo que resta de mi patética y solitaria vida. No puedo sacar de mi cabeza a cierto rubio perfecto que mete vecinitas en su casa y luego se da golpes de pecho diciendo que se expone a que su novia lo termine solo por una cena amistosa ¡Uhmmm!
Juro que si no estuviese borracha me presentaría allá y le diría unas cuantas por… ¡ay por! Lo olvidé, pero