Capítulo dieciséis. Bochornos de vieja
Rosa MaríaAbro los ojos y mi zorra interna quiere saltarle encima para comérselo porque tiene unos labios perfectos y gruesos, carnosos y provocativos, pero es el amor de mi Amix ¿Amix? ¡ay Dios no puedo! Me remuevo entre sus brazos y se sorprende, al parecer pierde algo de equilibrio porque me aprieta fuerte hacia él y carga con mi cuerpo hasta bajar al pavimento, me siento en el cielo con el azul precioso de sus ojazos, pero debo zafarme; siente mi reticencia y deposita mi humanidad en el piso sin dejar de mirarme.Me libera y una sonrisa se dibuja poco a poco en sus labios, creo que me derrito como un helado en el sol, pero cuando creo que me estoy reponiendo al impacto de toda la belleza de este Adonis esculpido por los dioses, entonces habla.— ¡Bienvenida, es un gusto tenerte… aquí! — su voz es profunda, sexy, varonil, sensual; puedo continuar con todos los adjetivos que eleven la temperatura de mi cuerpo a infinitos grados Fahrenheit, pero está prohibido porque es para Amix.—
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