Mirabel y Kelvin acababan de salir del coche y entrar al hospital cuando una camilla pasó volando hacia ellos.-¡Permiso! -gritó una de las enfermeras.Mirabel se apartó rápidamente, pero alguien le pisó el pie sin querer.-Ay... -se quejó, y giró por instinto.Sus ojos se posaron en la mujer que yacía en la camilla.Sangre cubría su rostro y su ropa, pegándose a sus curvas de forma obscena.Por un segundo, no la reconoció.Luego su corazón se detuvo.-¡Jesús... Bella!Corrió detrás de la camilla, con el corazón latiéndole con fuerza.-¡Es Bella! ¿Por qué está así? ¿Qué pasó? -preguntó a los médicos, desesperada.-Por favor, apártese, señora -le dijo uno de ellos, empujándola con rudeza sin detenerse.La camilla desapareció por el pasillo.Mirabel volvió corriendo y encontró a Lucian sentado fuera del quirófano, el rostro tenso por la preocupación y el deseo frustrado de proteger a su mujer.-Lucian... -llamó Kelvin.Lucian levantó la vista.-Bella... -la voz de Mirabel tembló-. Tuvo
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