Lily estaba sentada en su escritorio, revisando los expedientes de los pacientes que tendría que atender. Cuando terminó, tomó sus herramientas y se dirigió a la sala de pediatría.Al entrar en la habitación, decorada con colores brillantes, vio a una niña pequeña que no parecía tener más de seis años, sentada en su cama con un conejo de peluche apretado contra el pecho.Llevaba un gorro en la cabeza para cubrir su calvicie, ya que había perdido la mayor parte del cabello debido al cáncer, pero, a pesar de su frágil cuerpo y de la vía intravenosa conectada a su brazo, sus ojos brillaban de calidez y felicidad.—Buenos días, mi pequeña —la saludó Lily con una cálida sonrisa mientras se acercaba a su cama—. ¿Cómo te sientes hoy?Lily le tomó la temperatura.La niña levantó la mirada y sonrió ampliamente, con los ojos brillantes de emoción.—Estoy bien, enfermera Lily. ¡Hoy me sirvieron mi favorito! ¡¡Pudín de chocolate!!Chilló de emoción y Lily soltó una risita.—Te gusta el pudín de c
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