Liam no contestó. Ni esa mañana, ni por la tarde, ni siquiera cuando el cielo se tiñó de fríos tonos grises fuera de la ventana de mi habitación.Su silencio me oprimió la piel todo el día. Intenté distraerme. Dibujaba, escuchaba música y limpiaba pinceles que no necesitaban limpieza.Pero nada funcionó. Porque cada pocos minutos, revisaba el teléfono como una tonta.¿Y lo peor? Entendía por qué. Eso era lo que lo hacía insoportable. Porque no me ignoraba por crueldad.Lo hacía porque, en algún lugar de su mente, esto era protegerme, proteger al equipo, proteger todo menos a sí mismo. Pero entenderlo no impedía que doliera.Al anochecer, la casa volvía a sentirse asfixiada.Papá aún no había llegado. Otra reunión larga, otra sesión de estrategia, otro intento de contener el caos que nos rodeaba.Ya no podía respirar dentro de esas paredes. Así que me fui.No tenía un destino fijo. Solo quería hacer cualquier cosa para dejar de pensar durante cinco minutos.El centro de la ciudad era m
Leer más