El camino a la oficina de mi padre se me hizo más largo que nunca.Cada pasillo del estadio parecía cargado de tensión, como si las paredes mismas la hubieran absorbido y ahora la retuvieran en el zumbido fluorescente sobre nosotros. Los empleados se movían a nuestro alrededor en filas apretadas y apresuradas, pero en cuanto nos reconocieron juntos, el ambiente cambió.Las miradas nos siguieron, los susurros se elevaron a nuestro paso. Nadie dijo nada en voz alta, pero no hacía falta. La fotografía había hablado por ellos.Liam caminaba a mi lado, con los hombros rectos, la mandíbula tensa, su abrigo oscuro abierto sobre una camiseta negra ajustada. Incluso suspendido en el aire, parecía el jugador que dominaba el hielo. Controlado. Peligroso.Pero podía sentir la tensión que emanaba de él.Cuando llegamos a la oficina con fachada de cristal que daba a la pista, mi padre ya estaba de pie detrás de su escritorio. Esperando.Las persianas estaban entreabiertas, creando franjas de luz bl
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