El segundo beso fue más lento.No porque el deseo hubiera desaparecido.Sino porque había cambiado.El primero había sido un acto de rebeldía.Este se sintió como una rendición.Las manos de Liam permanecieron en mi cintura, cálidas y firmes, sosteniéndome como si aún me diera la oportunidad de cambiar de opinión.No lo hice.Me acerqué más.Sus labios se suavizaron contra los míos, más lentos ahora, más profundos, el tipo de beso que hacía que la habitación pareciera desvanecerse a nuestro alrededor.El loft quedó en silencio, salvo por el leve sonido de la nieve golpeando suavemente contra los altos ventanales y el ritmo constante de nuestra respiración.Cuando se separó, su frente se apoyó ligeramente contra la mía.Su voz era ronca y baja.«Dime si quieres que pare».Las palabras se asentaron entre nosotros.Con cuidado.Con intención.Tan propio de Liam.Lo miré, encontrándome con esos ojos gris azulados que siempre parecían indescifrables hasta momentos como este.—No quiero que
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