Leah¿Sabes esa sensación de que hay alguien que ha estado cerca de ti todo el tiempo, pero no lo notas hasta un día cualquiera y, de repente, está en todas partes? Sí, eso fue lo que pasó con el extraño que conocí en el ascensor. Aquel cuyo nombre ya había olvidado.Esa mañana me desperté tarde, por culpa del hombre que no deja de colarse en mis sueños y hace que me sea imposible dormir. Me quedé frita recién a las cinco, pensando que la alarma me despertaría. Bueno, no lo hizo, y Roman tuvo que ir tarde a la escuela.Mientras caminaba hacia el edificio de la empresa, vi al hombre de anoche parado en la entrada. Llevaba un portavasos de café en una mano y su teléfono en la otra.—Maldita sea, olvidé comprar café —murmuré entre dientes.Eso era lo único que evitaría que me quedara dormida en el trabajo.Él levantó la vista al oír mis tacones y se enderezó con una sonrisa. —Buenos días, jefa.—Buenos días... —dije, bajando el ritmo mientras mi cerebro buscaba desesperadamente su
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