Capítulo 59 — El nuevo refugioEl motor del convoy se apagó lentamente, dejando solo el sonido del viento que agitaba las copas de los pinos. El aire se sentía limpio, con ese aroma a paz que solo Moscú podía ofrecerle a los recién llegados después de su partido. Sin embargo, frente a ellos, se encontraba la nueva mansión en la que estarían, rodeada por altos muros de piedra gris, un portón de hierro custodiado por cámaras de última generación y sensores que seguían cada movimiento. A simple vista parecía una fortaleza poco agraciada, pero por dentro, Dimitri había querido que aquello se sintiera como un hogar.Anastasia bajó del coche con la niña en brazos, cubierta por una manta de lana. Odessa dormía plácidamente en los brazos de su madre, ajena al cambio y a la mudanza. Para ella, la vida era simple hasta el momento; tenía el calor del pecho de su madre, el sonido grave de la voz de su padre y las risas de las personas que la rodeaban dándole amor.— Por Dios… — susurró Vera, baja
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