Capítulo 106: ¡Edmond Montfort, te haré mío! Después del intenso encuentro contra la pared, Edmond mantuvo a Adeline en sus brazos unos segundos más, aún dentro de ella. Sus respiraciones agitadas llenaban el silencio de la habitación. Con cuidado, salió de su cuerpo y la bajó lentamente hasta que sus pies tocaron el suelo. Adeline temblaba visiblemente, con las piernas débiles como gelatina. —Ven —dijo él con voz ronca—. Vamos a limpiarnos. La tomó de la mano y la guio hacia el baño privado de la habitación de invitados. Era un espacio elegante y discreto, con mármol blanco, luces suaves y un gran lavabo frente a un espejo amplio. Edmond cerró la puerta tras ellos. Mónica tenía preparado un pequeño estante con toallitas húmedas aromatizadas, entre otros accesorios de limpieza. Edmond tomó varias y se acercó a Adeline, que aún intentaba recuperar el aliento. Comenzó a limpiarla con movimientos suaves entre los muslos, pasando la toallita fría por su vagina hinchada y
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