Ethan por fin ralentizó, lamiéndome ahora con suavidad, casi con reverencia, mientras las últimas réplicas me recorrían. Sacó los dedos con un sonido húmedo y los levantó, brillantes, antes de metérselos en la boca con un zumbido bajo y satisfecho.Yo estaba tirada en el sofá sin huesos, pecho agitado, muslos temblando, coño todavía palpitando y chorreando. Dos hombres idénticos —uno al que amaba, otro al que no debería desear— mirándome como si apenas estuvieran empezando.Y Dios me ayude… ya quería más.Seguía flotando, floja y goteando, cuando Jake me levantó como si no pesara nada. Sus brazos eran fuertes y familiares bajo mis muslos y espalda, pero la mirada en sus ojos era nueva: oscura, posesiva, encendida con algo salvaje. Ethan ni preguntó; solo los siguió, con esa misma sonrisa torcida, mientras me llevaban por el pasillo corto hasta el dormitorio. Mi camiseta estaba arrugada bajo los brazos, los shorts desaparecidos hacía rato, coño todavía latiendo y resbaladizo por el org
Leer más