No podía. Mi mente era puro ruido blanco: solo sensación. La quemazón en la garganta, el arrastre delicioso de la polla gruesa de Jake estirándome las paredes, la forma en que mi clítoris palpitaba bajo sus dedos. Cada vez que Ethan entraba profundo y se quedaba ahí, mi coño aleteaba y se apretaba alrededor de Jake, arrancando gruñidos a los dos. El sudor me resbalaba por la piel. Los brazos me temblaban de sostenerme, pero no me importaba. Me empujaba hacia atrás contra Jake, encontrando sus e