Punto de vista de Alexa Las bombillas parpadearon, parpadearon otra vez y se apagaron. La oscuridad llenó la habitación. El trueno rugió sobre el techo y sacudió los cristales mientras el agua golpeaba con fuerza las ventanas. Exhalé, cerré el libro y lo dejé en la mesita baja. —Genial. Justo lo que necesitábamos esta noche —murmuré, buscando a tientas el móvil para encender la linterna. Ryan rio desde el sofá de enfrente. Su teléfono ya proyectaba un débil cono de luz. —Se ha ido la luz en toda la manzana, parece. La tormenta es peor de lo que predijeron. Habíamos planeado una noche tranquila. Los niños estaban con sus abuelos, no había tareas pendientes. Solo nosotros dos, casados doce años, intentando reencontrarnos después de meses de cruzarnos con cortesía en la agenda. Nuestra cama compartida se había vuelto rutinaria, breve y cautelosa. Un beso rápido, caricias conocidas, dormir. A mis treinta y cuatro años, mi cuerpo curvilíneo aún conservaba la suavidad que él ant
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