Diez años antes…
Eduardo
El silencio de la habitación estaba habitado únicamente por el ritmo suave de sus respiraciones.
Vivian reposaba a su lado, el rostro sereno vuelto hacia él, el cabello oscuro extendido sobre la almohada como un manto sedoso. Una de sus manos descansaba sobre su estómago, un gesto protector que había atravesado incluso las barreras del sueño.
Cuando Eduardo intentó ajustar su posición, el movimiento hizo que los dedos de ella se deslizaran inadvertidamente hacia abajo,