Me acerqué hacía ella y saqué mi masculinidad, empecé a rozarla por sus nalgas y luego por el medio de su vagina, esa sensación era fascinante, era simplemente increíble, se sentía especialmente delicioso. En el roce de mi pene con su vagina, ella se movía con desespero, sus gemidos eran fuertes. —Ya... Mételo por favor. —suplicó Sus deseos eran mis órdenes, dejé de estrecharlo con sus labios inferiores y empecé a meterlo por su canal, por esas estrechas paredes que me tenían loco. Empecé a moverme fuerte y tomé su cabello con mi mano, jalándola hacia atrás, su respiración era cada vez más agitada, sus gemidos eran cada vez más fuertes, movía sus caderas con desespero. El choque de nuestras pieles abundaban en toda la sala, sus gemidos y los míos eran la música del lugar. Me moví aún más fuerte, lo más duro que pude, y aún con mi mano derecha tomando su pelo jalándola hacia atrás, con mi otra mano empecé a acariciar sus labios inferiores moviendo mis dedos con rapidez al compás d
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