Clary despertó despacio.No fue un sobresalto ni una sacudida de miedo, como tantas otras mañanas de los últimos meses. Fue algo mucho más extraño. Más suave. Más peligroso, justamente por eso.Calor.Esa fue la primera sensación.Calor en la espalda. En la cintura. En la nuca, donde una respiración profunda y tranquila le rozaba apenas la piel. Y, cuando terminó de abrir los ojos, entendió por qué.Jack seguía allí.La habitación estaba envuelta en una luz gris azulada de madrugada. Las cortinas apenas dejaban pasar el amanecer, y todo parecía suspendido en una calma tan íntima que a Clary le dio miedo moverse y romperla.Estaba acurrucada contra él, tal como se había quedado dormida. El brazo de Jack seguía rodeándole la cintura por encima de la sábana, firme incluso en el sueño, como si su cuerpo hubiera decidido que no iba a soltarla ni dormido.O quizá no estaba dormido.Clary lo descubrió un segundo después, cuando sintió el movimiento leve de su mano sobre su cintura. No una ca
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